Enfoques y métodos de gestión
aplicados por el Estado, la administración pública en la dinámica económica
POR: LCDA. ANYIBEL RAMÍREZ
PROFESORA
DRA. CÁNDICE TERÁN DE GALINDO
Para entender la dinámica de los procesos económicos actuales es necesario hacer un recorrido por la historia, solo así es posible valorar con ojo crítico el panorama en el cual está inmersa la sociedad venezolana. Cada gobierno está marcado por una manera particular de hacer política y en consecuencia esto afectará el comportamiento de la economía, los procesos sociales y las propias instituciones, siendo estas últimas el punto de partida de este análisis que pretende mostrar una visión de cómo el Estado, que según Groppali (citado por Alessandri, Somarriva, Vodanovic, 1998), “es la persona jurídica soberana que está constituida por un pueblo organizado sobre un territorio bajo la autoridad de un poder supremo para fines de defensa, de orden, de bienestar y progreso social” (p. 520), puede ejercer sus funciones y alinearlas según las necesidades y requerimientos del colectivo.
Relacionado al tema de las instituciones
es necesario comprender cómo se
transforman y cómo evoluciona la sociedad en el tiempo, lo que permite
identificar las diferentes etapas históricas. En este sentido, Robbins (2004)
refiere:
El cambio organizacional
es una actividad episódica, es decir, comienza en cierto momento, recorre
varias etapas y culmina en algún resultado que los interesados esperan que
signifique una mejora con respecto al punto de partida. Tiene un comienzo, una
parte central y un final. El modelo de tres etapas de Lewin representa una
ilustración clásica de esta postura. El cambio aparece como una ruptura en el
equilibrio de la organización. Se transformó el estado de cosas y se hace
necesario un cambio para instaurar un equilibrio nuevo. Algunos expertos
aseveran que el cambio organizacional debe considerarse el acto de equilibrar
un sistema compuesto por hasta cinco variables que interactúan en la
organización: personas, tareas, tecnología, estructura y estrategia. Un cambio
en una variable tiene repercusiones en una o más de las otras. (p.587).
Las transformaciones en Venezuela se evidencian claramente en la
década de los 30, que de acuerdo con Toro (2005) corresponde al momento de la
repentina llegada de la riqueza petrolera, ocasionando una situación paradójica,
en el sentido de que se fortalecía y enriquecía el Estado, en contraposición a la
opresión de sus habitantes, algunos hundidos en la pobreza.
“(…) En la medida del incremento de los
ingresos petroleros, aunque el nivel de vida de la población aumentaba en forma
acelerada, el enriquecimiento del Estado crecía en términos aún mucho más
acelerados. Así, la característica resaltante a partir de la década de los
cuarenta ha sido la de un Estado a la
vez opulento y torpe, que intenta promover el desarrollo económico del país en
base a actuaciones masivas, aunque espasmódicas y poco coherentes, siguiendo un
modelo de actuación por ‘el lado de la demanda’” (Toro,2005, p.519).
Si bien se trataba de un momento sumamente
importante para la economía de Venezuela, no se reflejó así en la población,
pues tales ingresos quedaban estancados favoreciendo a sectores élites que poco
o nada se interesaban por transformar la sociedad, y poder dar el salto de una
pobreza eminente hacia el camino del desarrollo y de la mejora de la calidad de
vida de su gente.
Contrario a eso,
las personas se ocupaban de las labores del campo, en donde aún prevalecían
métodos ortodoxos propios de la época colonial, se exportaban pocos rubros y
eran los mismos que se conocieron antes de la Independencia (café, cacao, añil,
ganado y cueros), no existían vías de comunicación y la educación existía gracias
al esfuerzo y vocación de algunas maestras, beneficio que favorecía a unos
pocos; mientras que la formación superior era aún más elitesca, existían dos
universidades, en Caracas y en Los Andes y la matrícula superaba los 500
estudiantes (Toro, 2005).
Tal y como lo refleja el autor, es irónico que en momentos de mayor bonanza,
de mayor aceleración de la economía de la nación, fue entonces cuando se
acentuó de manera indiscriminada la pobreza, el atraso de la población y una
fase de oscurantismo que golpeó al
ciudadano común, a las familias que padecieron años de duros desajustes
económicos creados desde sectores poderosos y por propio Estado. Sin embargo,
la transformación llegó, porque más tarde los gobernantes de turno
comprendieron que era necesario hacer uso de tales riquezas para mejorar el
nivel de vida de la gente, y su visión fue la de transferir a la población los
ingresos que se percibían de los hidrocarburos (Toro, 2005).
Fue así entonces como los ingresos del
“oro negro” se transformaron en centros educativos, hospitales, beneficios
sociales, maternidades; y se consiguió erradicar el paludismo, la fiebre
amarilla y las enfermedades gastrointestinales, que habían sometido durante años
a los distintos sectores del país. Sin embargo, el mal no estaba allí, sino en las estrategias
posteriores que aplicó el Estado, cuando dio paso a la creación de empresas e
instituciones para direccionar de una manera “descentralizada” estos ingresos
petroleros. Se hizo una tarea imposible poder controlar esa gran cantidad de
instituciones, que a larga reflejaron pérdidas económicas abrumadoras, hecho
que poco importó a los políticos.
Es así como el Estado siendo dueño de los
hidrocarburos decidió, de acuerdo con
Toro (2005), reservarse para sí otras
actividades estratégicas:
Las cuales se
desarrollaron bajo el calificativo de ‘empresas básicas’, concepto que fue
originalmente concebido durante el gobierno de Pérez Jiménez y ampliamente
expandido durante los gobiernos democráticos posteriores. Así, se estableció
una gran industria petroquímica (IVP) y un numeroso grupo de empresas básicas
en Guayana, adscritas a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Estas
tuvieron a su cargo el desarrollo de la explotación minera del hierro
(Ferrominera Orinoco), la industria siderúrgica (Sidor) y del aluminio
(Interalumina), cuyo potencial, por lo demás, siempre se consideró extraordinario.
A tales empresas, por pertenecer al Estado, no se les exigía cumplir con los
requisitos mínimos de eficiencia, ni se les penalizaba con el castigo natural
que acompaña a la falta de la misma: la quiebra. Por tal razón, arrojaban en
general grandes pérdidas (p.526).
A la par de este crecimiento y de las
ganancias que se percibían a través de la maravillosa renta petrolera se
labraba un camino difícil y tortuoso, cuyo verdugo amenazaba con aparecer en
cualquier momento. “(…) los gastos del Estado se convierten en ingresos para
los particulares; estos ingresos generan consumo; el consumo promueve la
producción; la producción se transforma en nuevos ingresos, que estimulan aún
más el consumo, dando lugar a mayores niveles de producción y así sucesivamente.
Tal ‘espiral de crecimiento’, basado en los gastos del Estado, a la larga
habría de traer gravísimas consecuencias” (Toro, 2005, p.530).
Sin embargo, los cambios políticos y la
rotación de los gobernantes consiguieron equilibrar la economía, lo que
permitió alcanzar metas impensables para la Venezuela de la década de los 30,
permitiendo a la nación el paso hacia a una sociedad moderna y capacitada para
afrontar la nueva época signada por el acelerado proceso de desarrollo.
Es así como la administración pública ha
dado resultados, que han sido favorables en su momento, pero que más tarde
originaron un problema, esto es lo que obliga a establecer estrategias
gerenciales innovadoras, que respondan al momento preciso que se está viviendo.
Para Ballart (2001): “La innovación es considerada hoy como uno de los factores
claves para dar solución a los importantes retos que tienen ante sí las instituciones públicas y privadas.
Algunos autores afirman que fuera de las palabras y manera de formular la innovación,
poco hay distinto al problema que tradicionalmente se han planteado las
organizaciones desde prácticamente su origen. (…) La innovación es hoy, sin
duda, una de las esperanzas para abordar muchos de los dilemas que parecen
insolubles en el entorno económico y empresarial de nuestros días”.
Pero más allá de enfrentarse a un cambio,
los gobiernos sucesivos a la década de los 40 continuaron bajo esos
lineamientos de dependencia a los altibajos de los mercados mundiales del
petróleo. “Con frecuencia, nuestra economía se vio enfrentada a difíciles
situaciones derivadas de las irresponsables actitudes antes descritas; sin
embargo cada vez que nos acercábamos a situaciones que ya parecían
insuperables, surgía algunas crisis en los
mercados mundiales de los hidrocarburos (…)” (Toro, 2005, p. 534).
En este paseo por momentos determinantes
de la historia económica del país se visualiza un Estado, que si bien ha sido
capaz de aplicar la gerencia, de abrirse camino en el contexto internacional y
aportar beneficios a la población, también hay un Estado que no cuenta con un plan concreto de mejora a largo plazo, que
más allá de los “pañitos tibios” no basó sus estrategias de desarrollo en
propuestas con visión de futuro, para consolidar el desarrollo social e
integrar a todos los sectores bajo un modelo participativo.
Pero en medio de los cambios y evoluciones
es importante precisar el papel del Estado a lo largo de la historia, de modo
que con este conocimiento se pueda entender su influencia y su acción sobre las sociedades. Al inicio de este
ensayo se describió ligeramente la palabra Estado, y en lo sucesivo se ha ido
tejiendo a través de las ideas expuestas las diferentes figuras que se han hecho presente en cada etapa que ha
vivido el país, sin embargo en este punto se ahondará más en su formas y como
se constituye.
Pinochet (1984) señala: “Para
llegar a formar un Estado es necesaria la existencia de una parte de humanidad,
masa humana; un territorio donde establecerse y una fuerza espiritual que una.
Estos tres componentes básicos son los que denominamos elementos constitutivos
del Estado” (p.75).
Pero basados en nuestra historia, pudimos
observar cómo la administración pública se ha encargado de las decisiones
respecto al tema petrolero y de todas
las actividades relacionadas con esta actividad. El Estado constituye la máxima instancia que
consolida las relaciones sociales, forma parte de ese “todo” político de la
nación, por lo que se convierte en la estructura que regula el
juego y conflicto de intereses del colectivo.
Morishima & Martínez (1981), al hacer
referencia al Estado moderno, advierte: “En las sociedades modernas, el Estado
es un organismo capaz de ejercer la coerción y los distintos medios de coerción
son monopolizados por él. En otras palabras, este único organismo, ‘el Estado
moderno’, que posee los medios físicos de coerción y cuyo poder está
centralizado, ha surgido como consecuencia de la cesión de todos los poderes de
coerción física (por parciales o imperfectos que estos fueren), poderes que
anteriormente se encontraban en manos de otros tipos de organismos y de su
utilización única por el gobierno central” (p.3).
El papel del gobierno en una sociedad
moderna es regular las interacciones de los distintos sectores de la sociedad y
velar por el cumplimiento fiel de las leyes establecidas. (Jaffé, 2007).
Ahora al hablar del Estado capitalista, en
nuestro contexto específico, se refiere a esta toma de poder por parte de
ciertas élites. “Es un sistema que asciende en un proceso continuo y
contradictorio de toma de poder por parte de dirigentes pequeños burgueses de
la economía y la política” (González, año, p.14). En el contexto petrolero la
idea era que la estrategia formara parte de esa visión capitalista, por medio
de controles rentistas o fiscalistas, cuyos ingresos solo favorecerían a
sectores establecidos y con poder, como sí ocurrió en la época de las primeras
concesiones, en donde el rol del Estado se centró en brindar protección a
sectores privados y a financiar grupos económicos.
Para Miliban (1997) el capitalismo es
“como un sistema en el que al menos la parte predominante de los medios de la
actividad económica (industriales, comerciales, financieros y los relacionados
con las comunicaciones) pertenece a la propiedad privada y está bajo su
control, y en el que la dinámica primordial de esta actividad, arrolladoramente
más fuerte que cualquier otra, es la obtención de beneficios privados de
asalariados formalmente independiente” (p. 14).
Otro
término que ha surgido como parte de esas relaciones entre el Estado y las
sociedades es el Neocapitalismo, que de
acuerdo con Mandel (citado por López, 1998) “es el nuevo modus operandi del
sistema capitalista, cuyas características especiales se derivan de las
necesidades orgánicas del mismo capital. El acelerado ritmo de innovación
tecnológica y la reducción del período de vida útil del capital fijo imponen
cálculos precisos de depreciación y obsolescencia, y generalmente una
planeación a largo plazo cada vez más precisa de los costos”.
Esta figura demanda una participación más
dinámica, que se haga de las herramientas necesarias para tomar la conducción y
el control sobre el sistema económico. El neocapitalismo exige por el contrario
un Estado fuerte y activo, capaz de regularizar el funcionamiento de la
economía y de mantener las condiciones necesarias para el crecimiento”
(Escribano, 2011, p.46).
Al margen de esta definición se pueden
ubicar las relaciones que se producen por parte de ciertos sectores del
territorio venezolano, quienes acostumbrados a disfrutar siempre de los
ingresos del petróleo, para beneficio de determinados grupos, han luchado por
mantener en el tapete este tipo de relaciones con el Estado, lo que Acuña
(2008) describe de la siguiente manera:
Después de muchos
esfuerzos de concertación, amplitud en las decisiones de política económica,
estimulo a la inversión y a la producción con fuentes de financiamiento
oportunas y rentables, las respuestas siempre han sido presiones de diversa
índole que tienden a privilegiar los beneficios del capital sobre los de la
responsabilidad social. Así llegaron las nacionalizaciones, y para
descalificarlas se les ubica en el contexto del Capitalismo de Estado. (…) En
la época del Imperialismo, el Capitalismo de Estado se transforma en
Capitalismo Monopolista de Estado y se caracteriza por unir los monopolios más
grandes con el aparato del Estado burgués, por subordinar al Estado a los
monopolios con el fin de despojar en grado máximo a los trabajadores y obtener
altos beneficios monopolistas. Fue esta la forma de Capitalismo de Estado
instaurada en Venezuela a partir de la adopción del modelo de sustitución de
importaciones de finales de los años 50 del siglo XX. El Estado venezolano en
asociación con el capital nacional y transnacional, se hizo dueño o socio
mayoritario de empresas o actividades económicas, pero no con la finalidad de
contribuir con la equidad en la distribución del producto social, sino para
fortalecer la acumulación y la apropiación privada del excedente económico de
los grupos que sustentados en su poder económico accedieron al control del
poder político. El mejor ejemplo de Capitalismo de Estado lo constituyó la
PDVSA meritocrática surgida de la nacionalización de 1975, considerada como una
trasnacional del petróleo de similares características a Exxon Mobil, y cuya
misión era exclusivamente producir petróleo y ser competitiva en el mercado
internacional. Razones suficientes para liderar un sabotaje petrolero dirigido
a terminar con un gobierno cuyo propósito es saldar una enorme deuda social
acumulada por décadas de Capitalismo de Estado. Es ese el Capitalismo de Estado
que heredamos.
Al hablar de capitalismo es imposible
dejar fuera el socialismo, en la cita anterior se hace una comparación entre
ambos sistemas. En lo que a socialismo venezolano se refiere, en primer lugar
se puede decir que el término fue dado a conocer con mayor profundidad durante
el gobierno de Hugo Chávez Frías (1999-2013), quien con un plan ambicioso y
certero mostró a Venezuela y al mundo entero la mezquindad del sistema
capitalista y criticó fuertemente economías desarrolladas en base a tales
preceptos, como el caso de Estados Unidos. En el sistema socialista, las
sociedades se mezclan en un hecho más consolidado, en donde se da paso a un
Estado participativo, pluralista, humanista y social, en donde la igualdad y la
participación Estado-Pueblo conforman un binomio de muy alto espectro para la
economía.
“(…) cuando el yugo del dominio y de la
destrucción capitalista oprime cada vez más al mundo, una imagen pujante de un
socialismo alternativo, realista e inspirador al mismo tiempo, resulta
absolutamente necesaria”, (Anónimo, 2006, p.17).
Por su parte, el presidente Chávez, político
de izquierda, refirió lo siguiente sobre el sistema capitalista: “El modelo
capitalista que está por todos lados, ése es un veneno, ése es un veneno que
contamina todo. Es como cuando alguien riega con veneno un bosque. Entonces,
ese veneno daña las plantas, se mete en la tierra, se mete más abajo en las
aguas, envenena todo, envenena a la gente, a los animales, las plantas; el
Capitalismo es un veneno que envenena, lo más grave, el alma de la gente”,
estas aseveraciones las hizo durante la alocución de su programa radial, Aló
Presiente, número 351, realizado el 7 de febrero de 2010.
Dijo además: “El capitalismo destroza los
valores humanos, los va demoliendo, y convierte al ser humano en un
instrumento, en una mercancía y nos condena a una vida sub-humana”.
En el marco de la Revolución Bolivariana, Chávez señaló que
para llegar a este socialismo habrá una etapa de transición que denominó
como democracia revolucionaria.
Expresó: “Hemos asumido el
compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo y
contribuir a la senda del socialismo, un socialismo del siglo XXI que se basa
en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la
igualdad”, palabras que ofreció en un discurso a mediados de 2006.
Además, este socialismo no está predefinido. Más bien, dijo Chávez “debemos transformar el modo de capital y
avanzar hacia un nuevo socialismo que se debe construir cada día”.
Desde la óptica socialista defendida por
el gobierno actual este sistema está pensado para el bienestar común, en donde
valores como igualdad y justicia social se juntan para otorgar beneficios al
colectivo disgregado en las mal llamadas clases sociales. El proyecto
socialista emerge sobre una democracia participativa, configurando una nueva
relación entre las comunidades y el Estado, al tiempo que se le otorga poder a
las comunidades organizadas, lo que expande la economía en el ámbito social.
Alineadas con estos propósitos de crecimiento
y de oportunidades más justas para el bien común, entonces surge el tema de las
leyes y normativas para darle a todas estas estrategias el carácter legal que
merecen. Desde la reformulación de nuestra Carta Magna, la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, respaldada en su momento por la mayoría del
pueblo soberano, se encuentran también los reglamentos, leyes orgánicas,
ordinarias y códigos, que han sido la guía para mantener controlada las acciones
del Estado y de los individuos que en el interactúan, constituyendo un Estado
de derecho y constitucional.
A este proceso es lo que algunos autores,
como Häberle (2003), lo describen como: “Parte de las funciones estatales y
permanece articulado en el sistema conjunto de la división de poderes y debe
respetar el principio de los límites jurídico-funcionales (…)” (p. 222).
Es así como dentro de la administración
pública y de sus actividades se circunscriben una serie de elementos
reglamentarios y leyes que permiten actuar bajo esquemas configurados por el
Estado para mantener el equilibrio en la sociedad y darle respaldo ante
acciones que pudieran inmiscuirse y desviar el interés principal, que no es
otro que el impulso del desarrollo económico y social de su gente.
Atrás quedó el modelo libre en la que cada
quien actuaba por su criterios. “El crecimiento desbordante de los órganos
desconcentrados, en especial, servicios autónomos sin personalidad jurídica y
los entes descentralizados funcionalmente (…) en Venezuela, y la importancia
material y financiera en aumento de la misma, ha planteado, innumerables
problemas de orden jurídico, administrativo y político (…), para percibir el
impacto que las instituciones que la componen, han tenido en el contexto de la
administración pública” (Castillo, 2006, p. 116).
Las consecuencias a estos actos se
tradujeron en desórdenes, en aislamientos de esos órganos y a una autonomía
mezquina que nada tenía que ver con el beneficio común. Castillo (2006) refiere
que “vistas las consecuencias que en el orden político, jurídico y administrativo ha generado la
proliferación de órganos desconcentrados y entes descentralizados
funcionalmente y los deficitarios controles ejercidos sobre éstos por la administración
central, debemos señalar que en Venezuela han tenido lugar numerosos intentos
para avanzar en la configuración de un régimen jurídico que regule la actividad
de tales órganos y entes” (p.118).
Tales aseveraciones tuvieron una respuesta
contundente el 17 de octubre de 2001, fecha en la que se promulgó la Ley
Orgánica de la Administración Pública para darle piso legal a las acciones que
emprendería, en adelante, la institución de este sector. (Castillo, 2006,
p.118).
De moto que a través de este instrumento
legal se pueden establecer mecanismos de control que permitan dar cumplimiento
al plan estratégico de la nación, programa que engloba áreas puntuales de todos
los ámbitos necesarios, para potenciar el país: tecnología, geopolítica, educación,
participación ciudadana, siembra del petróleo, independencia, contribuir con la
conservación del planeta y seguir construyendo el socialismo, entre otras
aristas que bien configuran un plan macro para el desarrollo de la nación.
Estos controles apuntan además hacia un
mejor funcionamiento de las organizaciones del Estado, pues a través de las
labores administrativas leales se consolida la actividad comercial y se
potencia la organización, lo que se traduce en una mejora de la eficiencia, es
decir se tiene conciencia en cómo se hacen las actividades dentro de la
empresa. Cuando se toca el término eficiencia, es necesario definir también la
eficacia, que aunque se tiende a usarlos unidos cada uno tiene un significado
distinto.
“La eficiencia y la eficacia se refieren a
lo qué hacemos y cómo lo hacemos. Eficiencia significa hacer una tarea
correctamente y se refiere a la relación que existe entre los insumos y los
productos. (…) Así pues, la administración busca reducir al mínimo los costos de
los recursos” (Robbins & De Cenzo, 1981, p.5).
En cuanto a la eficacia los autores antes
mencionados señalan que: “La administración también se encarga de concluir
actividades. En términos administrativos, esta capacidad se llama eficacia, lo
cual quiere decir hacer la tarea correcta. En una organización, esto significa
alcanzar las metas” (p.5).
En el contexto local, se puede decir que
tanto la formación, como la capacitación de los servidores públicos fomentan la
eficiencia. Al respecto Muñoz (2012) detalla lo siguiente:
La capacitación está
referida tanto a lo meramente técnico en el área de desempeño; como también al
estamento legal, ético y socio- político que norma u orienta el ejercicio de un
determinado oficio o profesión en la Administración Pública. Toda funcionaria o
funcionario público está, ética, moral,
legal y responsablemente obligado a conocer
lo que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV),
establece sobre sus deberes y derechos. Debe tener conciencia que la ley
Madre contiene el modelo de país que las
y los venezolanos decidimos darnos a partir de su aprobación en referéndum el
15 de diciembre de 1999. Debe conocer
que el Título IV de la CRBV, está
referido al Poder Público (Artículo 136 al 185). Todo funcionaria o funcionario
público debería saber que el artículo 139 de la CRBV, establece que: el
ejercicio del poder público acarrea responsabilidad individual por abuso o
desviación de poder o por violación de esta Constitución o de la Ley; y que ignorarlo no le servirá de
excusa porque en Derecho se presume que la ley es conocida por todos y en
función de esa premisa, el Código Civil
en su artículo 2 establece que: la ignorancia de la ley no excusa su
cumplimiento. Igualmente, es necesario que el funcionariado público entienda y
cumpla con el contenido del artículo 25
de la CRBV: Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o
menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la Ley es nulo; y
los funcionarios públicos y las funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten
incurren en responsabilidad penal, civil, y administrativa, según los casos,
sin que les sirva de excusas órdenes superiores. Teniendo en mente lo anterior,
un pre- requisito para ingresar a la Administración Pública debería ser la
sensibilización sobre el real significado de ser una o un servidor público. Se debe buscar la manera de
hacerlo efectivamente. Un conocimiento que no debe faltar es el contenido del
artículo 141 de la CRBV: La Administración Pública está al servicio de los
ciudadanos y ciudadanas, y se fundamenta en los principios de honestidad,
participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de
cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública.
A modo de englobar ideas, de acuerdo con
lo que se ha descrito en este ensayo es posible decir que la economía y los
procesos que implica este sector han ido dando cambios interesantes, cambios
que han sido rápidos o acelerados, en algunos casos, en otros han sido más lentos,
pero tal dinámica la ha dado la evolución del Estado y las actuaciones
políticas que se han presentado en cada período de la historia. Si bien en los
momentos actuales existe un gobierno en el que se han abierto mayores
oportunidades de participación a la población, en la que la diversidad,
pluralidad y equidad configuran una nación que intenta configurar sus
estrategias bajo un modelo socialista, aún hay matrices adversas a este modelo.
Desde la perspectiva de Penfold &
Vainrub (2009) se desprende el siguiente argumento:
“Las políticas públicas
que Venezuela ha instrumentado durante los últimos diez años han afectado de
manera contundente el espacio de acción y de reacción de las empresas y sus
gerentes. Aunque los altos precios del petróleo han traído consigo años de
bonanza económica, con el consiguiente aumento de demanda por parte de los
consumidores, las políticas gubernamentales han elevado los costos de
transacciones y restringido los espacios de maniogra de las empresas. No
obstante, algunas empresas lograron navegar exitosamente las movidas aguas de
estos años turbulentos” (p.131).
Entre hechos y opiniones muy distintas, en
donde cada sector describe un tipo de país diferente, emergen logros y avances
que han dado a Venezuela un vuelco importante, sobre todo en materia social,
gracias a los ajustes que el Estado ha hecho a su estrategia. Hoy es posible
visualizar una mayor independencia en la nación, en la que se ha permitido
consolidar convenios estratégicos con potencias como la República Popular de
China, logrando inscribir, en fecha muy reciente, 28 beneficios para el pueblo
venezolano, los cuales se orientan en materia de tecnología, educación,
cultura, cooperación espacial, alianzas mixtas para el sector de hidrocarburos,
préstamos para ejecución de proyectos de desarrollo, desarrollo rural para
incrementar la producción de alimentos y reimpulsar el tema de las
telecomunicaciones, entre otros. (El Universal, 2013).
Por su parte, Andrade (2005),
quien tiene un enfoque positivo sobre las acciones del Estado dentro del
socialismo expresa:
La revolución
bolivariana, entre otros principios plantea que lo económico se subordina a lo
político, y pone a la política al servicio del soberano, del pueblo. Debido al
profundo respeto que en Venezuela se tiene por la libertad, las
transformaciones se han hecho en medio de las más amplias libertades
democráticas. No ha sido casual que el gobierno se haya relegitimado varias
veces, mostrando un profundo respeto por el pueblo y coherencia entre el
discurso y la acción política. En Venezuela, y bajo la revolución bolivariana,
el nivel del gasto social no tiene precedentes. Mediante las misiones se
reorienta el gasto y la inversión hacia la salud, la educación, el trabajo, la
infraestructura y el desarrollo industrial, buscando generar una nueva cultura
de pequeños empresarios integrados en redes cooperativas y no cooperativas bajo
un concepto de desarrollo endógeno que satisfaga las necesidades de la
comunidad y desde la comunidad hacia el país y hacia el mundo, eliminando
paulatinamente la dependencia. Hoy el mundo entero sigue de cerca el proceso
venezolano, esperanzados en nuestro éxito, porque el nuestro es el éxito de la
libertad, y la libertad plena, siendo un fin común para todos los pueblos, ha
sido diferida por mucho tiempo.
Mayor
independencia, valores más arraigados y mucha más conciencia forman parte de
los logros que la configuración del Estado socialista ha configurado en la
sociedad. Más allá de algún criterio a favor o en contra de alguna fracción
política, es imposible no reconocer el cambio que las políticas actuales han
ofrecido al país. Desde Latinoamérica se puesta por la independencia, por el
fortalecimiento de sistemas económicos que se alejen del modelo capitalista, en
el que sólo algunos continúen enriqueciéndose, menoscabando los derechos de
todos los ciudadanos y ciudadanas que hacen vida en el territorio. Hace falta
capitalizar la conciencia, hacer valer las leyes y hacer entender al pueblo que
sólo a través de la formación, del conocimiento y de las verdaderas
transformaciones es posible entender la nueva configuración del Estado, ante
las interferencias que siempre están presentes.
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